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¿Y si Jesús me dejó en “visto”?

WhatsApp es una herramienta de comunicación muy popular y útil que ofrece el envío y recepción de mensajes a sus usuarios. Entre sus particularidades está la de que el emisor envía un mensaje y el receptor puede ver el contenido y “dejar en visto”— sin respuesta — , lo que genera una serie de interpretaciones emocionales que, dependiendo de la importancia de la información y de la relación con nuestro contacto, determinan cuál será la intensidad de la emoción.

En nuestra relación con Dios muchas veces en el día enviamos mensajes a él. Algunos tienen un sentido informativo, otros un tinte de humor, otros son específicos respecto a alguna situación y están los mensajes importantes en que desnudamos el corazón y pedimos una respuesta.

Muchas veces las notificaciones de respuesta abundan en fluida relación con nuestro Padre celestial. Otras, en cambio, se demoran más de la cuenta, pero al momento de ver respuestas ya nos tranquilizamos. Pero no podemos dejar de mencionar aquellos “vistos” de Dios, que generan un grado de ansiedad mayor a nuestras expectativas, lo que se ve resumido en preocupación y preguntas como: ¿Dios realmente me está prestando atención? ¿Realmente tiene en alto valor la relación conmigo? ¿Será que es un Dios lejano y distante?

Estos malos entendidos nos llevan a un distanciamiento y enfriamiento en nuestra relación con él, y nos alejan del verdadero sentido de su búsqueda: Amarlo por lo que él es, no por lo que él puede hacer por nosotros. «¡Quédense quietos y sepan que yo soy Dios! Toda nación me honrará. Seré honrado en el mundo entero.» Salmo 46:10 (NTV).

Hay muchos momentos en la historia de grandes hombres y mujeres de fe, que tenían una relación muy estrecha con Dios, en los que se encontraron con estos “vistos” y luego de eso un silencio. Hombres como Abraham, David, Elías, entre muchos; pero si vamos al desenlace de la historia, podemos ver que las respuestas fueron entregadas, las peticiones contestadas y los silencios apagados por una voz impotente y generosa, siempre capaz de entregar más de lo que se pueda imaginar.

“No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta”. Romanos 12:2

La Palabra de Dios en Romanos nos invita a dejar de pensar como todos y a recibir lo que viene de nuestro bondadoso y misericordioso Dios. Tengamos la actitud correcta ante aquellos silencios, y que en vez de ser incómodos y frustrantes, nos permitan disfrutar de la espera de lo que viene del corazón íntimo de Dios hacia sus amados hijos.

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